y documentación de la fauna y flora colombiana. Mutis nació el 6 de abril de 1732,
en Cádiz, España. Fue sacerdote, botánico, matemático
y docente de la Universidad
del Rosario en Bogotá,
donde actualmente reposan sus restos.
Los jesuitas le enseñaron gramática, filosofía, latín y teología, y eligió la medicina como un oficio para ganarse la vida. Pasó mucho tiempo entre sabios como eran conocidos los médicos, se consideraban científicos completos. Sin embargo, España estaba dominada por la religión y la ciencia era considerada cosa de brujos, y a Mutis lo entusiasmaba más estar con los sabios clandestinos o visitar el Jardín Botánico de Madrid que curar enfermos.Messía de la Cerda, nombrado Virrey para la Nueva Granada, lo invitó a viajar con él en calidad de médico personal. Mutis no lo dudó, le maravillaba pensar en la desbordante vegetación tropical de la que hablaban los marinos que regresaban a España en goletas cargadas de oro. Cincuenta y dos días duró el viaje en barco atravesando el Atlántico, tiempo en el que Mutis inició un diario que sólo dejó de escribir al morir en Santa Fe de Bogotá a los 76 años. En su mente se llevó gran parte de las conclusiones de la Expedición.
Mutis viajaba con la intención de volver a descubrir América y en especial la quina, que tanto bien le podía hacer a la humanidad. Al estudiar el entorno ambiental dejó una maravillosa colección de dibujos de la naturaleza, repasó las lenguas indígenas y elaboró, por encargo del Rey Carlos III, 100 palabras, vocabularios elementales, de cada idioma indígena; investigó la explotación minera de la plata y la destilación del ron.
Entre sus obras se destacan “El Arcano de la Quina” y “Flora de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada: 1783-1816”, publicada bajo el auspicio del reino de España.
El Sabio Mutis, como es reconocido, no vivió en la época de la In de pendencia, pero forjó las bases para la libertad, pues sien do un ciudadano español enviado y patrocinado por la Corona, invirtió gran parte de su tiempo y esfuerzo en la fundación de espacios de conocimiento en torno a las ciencias con un naciente movimiento intelectual americano. Dio a conocer las teorías que revolucionaron las ideas sobre el Universo, el descubrimiento de Copérnico, y las teorías de Newton y Descartes: La Tierra gira al rededor del Sol y no al contrario como se creía. Resultó ser un gran maestro que enseñaba a sus alumnos a pensar, a manejar lupas y lentes, a conocer las rocas valiosas.
Les prestaba libros, los iniciaba en la física y ciencias naturales, además generó la transición hacia nuevas ideas de física experimental y matemáticas sin imaginar que el libre pensamiento de sus alumnos se enfocaría más en la política que en la ciencia. Hechos que se hacen evidentes en los escritos de Alexander von Humboldt, quien relaciona a Mutis con la Revolución Científica del viejo mundo. También se destacan sus aportes en medicina, con la incorporación del estudio de la anatomía a través de la disección, así como, sus aportes a la astronomía con la construcción de un observatorio.
A los diez años de permanencia en la Nueva Granada, se hizo sacerdote. “Mutis encontró en la ciencia el camino para acercarse a Dios; conocer sus obras era su forma de adorarlo. Su fervor científico unido a su fe religiosa, patriotismo y espíritu de maestro, conducen su participación en la transformación del hombre y el mundo”.1 Sin duda, su legado más importante fue la Real Expedición Botánica, resultado de sus estudios en tierras españolas y su curiosidad por el mundo que lo rodeaba, en especial por las plantas, que le permitieron documentar sus observaciones de forma minuciosa, caracterizándose por los detalles plasmados en sus dibujos. Esta actitud perfeccionista fue elogiada por naturalistas europeos de la época como Bomplant y Humboldt.
Su objetivo consistió en hacer manifiesta la variedad de especies que observaba a diario; pues más allá de la romántica idea naturalista, Mutis conocía las potencialidades económicas de los recursos existentes que aún estaban en el anonimato para las colonias españolas, idea que expuso con ahínco ante la Corona para buscar patrocinio y realizar expediciones en esta región del nuevo mundo, proyecto autorizado en 1783, y en el que además de Mutis participarían minerólogos de México, Chile y Perú. Dos meses permaneció la Expedición en la población de La Mesa, posteriormente se trasladó a Mariquita; Mutis tenía la esperanza de encontrar allí nuevamente la quina. “Formaron una biblioteca, organizaron un jardín botánico, adecuaron bodegas para almacenar herbarios y esqueletos, crearon un taller de dibujantes. A las cuatro de la mañana los levantaba a oír la misa dicha por él. Luego salían al campo en busca de plantas, insectos y cuanta expresión de la naturaleza pareciera interesante… Por la noche había que dibujar.”2 En ese laboratorio también se estudiaban todos los fenómenos que configuran un territorio como la variedad de climas.
Durante ese tiempo se relacionó con importantes personalidades de la ciencia, la política y la cultura de la naciente república, Algunos de ellos se constituyeron en ejes de la independencia, y se destacan Fray Diego de García, Pedro Fermín de Vargas, Francisco Antonio Zea, Jorge Tadeo Lozano, Francisco José de Caldas, Sinforoso Mutis y Francisco Javier Matís, pintor botánico nacido en Guaduas en 1774, que desde pequeño mostró habilidad en el arte de la pintura, por eso Mutis lo vinculó a la Expedición en 1783.
La Real Expedición Botánica es un inventario de la naturaleza del Virreinato de la Nueva Granada, que dio como resultado la recolección y clasificación de 20 mil especies vegetales y 7 mil animales de la actual Colombia, entre ellas, la flor Barnadesia Spinosa Mutis, planta andina de la familia de las compuestas, descrita por Mutis en 1760. Con este primer des cubrimiento botánico, el joven naturista Mutis quiso honrar a su maestro en Botánica, don Miguel Barnadés, quien desde 1782 fue el primer profesor del Real Jardín Botánico de Madrid.
Descubren la facultad medicinal del bálsamo de Tolú para la bronquitis, la espuma de jabón de almendra para la artritis, la ipecacuana para la tos y cientos de plantas que unidas a los secretos de los indígenas resultaban muy beneficiosas. Con el fin de aplicar la flora a la industria demuestran que la brea sirve para arreglar caminos y embarcaciones, el petróleo se volvió el oro negro, algunas gomas de los árboles se usaron como pegante, y con el palo de la rosa elaboraron perfumes.
La exploración cubrió 8.000 kilómetros, utilizando como eje longitudinal el río Magdalena, que le permitió estudiar diversidad de climas y regiones a lo largo del país. Mutis entró a la Nueva Granada por Cartagena, desde allí se remontó al río Magdalena; estuvo en Mariquita y Honda y se estableció en Santa Fe de Bogotá. Posteriormente, residió en la provincia de Pamplona, donde adelantó actividades de minería, concretamente en la zona de Vetas en Santander; después en la real mina del Sapo en el Tolima y nuevamente en Mariquita.Mutis fue uno de los primeros exploradores del nuevo continente, sin embargo esto resultó ser más un dolor de cabeza que una ventaja. Su formación eurocentrista sesgaba su percepción de la desconocida diversidad que presenciaba, en ocasiones se estresaba haciendo encajar especies con las descripciones de plantas Europeas que se encontraban en los libros de Linneo, uno de sus mayores referentes, quien lo motivó en la tarea de “clasificar la obra de Dios”. Como retribución al trabajo de Mutis, Linneo le dedicó en 1781 las plantas del género Mutisia.
A través de Juan Jacobo Gahn, quien era el cónsul de España en Cádiz, el naturalista inició un intercambio epistolar con Linneo. Mutis realizó tres envíos de materiales de historia natural; la segunda remisión incluía una planta llamada Mutisia Clematis, un bejuco con caracteres muy raros. Al verla, Linneo exclamó: “¡Jamás he visto una planta tan particular! Su yerba es de clemátide3, su flor es de singenesia4. ¿Quién había oído hablar de una flor compuesta con tallo trepador zarcilloso5, pinnado6, en este orden natural?, la llamaré Mutisia y su nombre inmortal, el tiempo no lo podrá borrar”. Esta frase hizo célebre a Mutis y la planta se convirtió en el emblema de la Expedición Botánica.
Entre las expediciones reales, la de la Nueva Granada fue la que más duro, pues mantuvo una actividad permanente por 30 años; la que contó con más dinero para su desarrollo; y la única que tuvo una escala propia de dibujo, donde se formaban nuevos pintores. Dispuso de herbolarios, oficiales de pluma, y a su vez fue la que menos resultados dio a conocer.
La falta de publicaciones le restó valor científico. Sin embargo, conserva un gran valor histórico y cultural, pues constituye un punto de partida para el desarrollo científico y cultural del país.
Mutis se convirtió en el oráculo del reino. Implantó la vacuna contra la viruela, limpió el Chocó de dos epidemias que lo aquejaban, el paludismo y la malaria; fue el primer Presidente de la Sociedad de Amigos del País; preparó el plan de estudios de medicina; le consultaron las reformas educativas; dio instrucciones acerca del teatro y la necesidad de diversiones y espectáculos culturales, por nombrar algunos de los aspectos en que su mente prodigiosa se involucró y permitió la evolución del Nuevo Reino de Granada.
La muerte de Mutis debilitó a los expedicionarios. En su herencia Mutis dejó a su sobrino Sinforoso la dirección botánica, a Caldas la de astronomía y el observatorio, a Jorge Tadeo Lozano la de zoología, y a Salvador Rizó lo encargó de abrir el pliego y hacer la repartición. La inconformidad se notó con la acusación a Salvador de robarse unos manuscritos de Mutis, por lo cual desilusionado regreso a Venezuela y se unió a las tropas de Simón Bolívar; Caldas pidió que le devolvieran sus trabajos. Pero a la llegada de Morillo todo se complicó, el Colegio Mayor del Rosario fue convertido en calabozo, de donde salieron Lozano, Rizo y Caldas a ser fusilados. Los objetos personales de Mutis los remataron y la Expedición la empacaron en 114 baúles que permanecieron sellados en España mientras la situación política se tranquilizaba.
Sería el barón alemán Alexander von Humbolt, científico y viaje ro, quien conociera a Mutis poco antes de que muriera y finalizara la Expedición, llamándolo el Patriarca de los Botánicos. Años después de la muerte de Mutis, realizó algunas críticas a los criollos que participaron en el estudio de la flora y fauna, llevándolos a que le donarán los descubrimientos, los cuales unió a las experiencias y hallazgos durante sus viajes que posteriormente publicó en cinco tomos. En sus recorridos por estas tierras se conoció con Bolívar y coincidieron en que la emancipación de España era la única salida para América.
De los sucesores de Mutis se re cuerda a Francisco Javier Matís, luego Juan M. Céspedes, con el que descubrió algunos restos de una cultura indígena en San Agustín; el siguiente sería José Jerónimo Triana, a mediados del Siglo XIX, quien se encargó de la parte botánica de la comisión orográfica y con Agustín Codazzi, de líder, levantó el mapa de la República de Colombia. Ezequiel Uricohechea y Florentino Vesga, encontraron, los restos de la Expedición almacenados y se dedicaron a estudiarlos. Posteriormente, muchos se dedicaron al estudio de la naturaleza teniendo como maestro a Mutis, entre ellos Francisco Bayón, Monseñor Enrique Pérez Arbeláez y los integrantes del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, donde se forman los naturalistas con temporáneos. Actualmente en el Jardín Botánico de Bogotá, la Casa de los Pintores en Mariquita, la Casa Mu seo Alfonso López en Honda, Antigua Iglesia en Ambalema y el Convento de La Soledad en Guaduas, son algunos de los lugares donde se encuentra información de la Expedición Botánica.
La obra de Mutis debe ser reconocida como la concepción de un inmenso plan científico, bajo la visión del potencial natural de nuestro país. La Real Expedición Botánica ha motivado a los exploradores de la actualidad a seguir descubriendo la inmensa riqueza natural que aún permanece oculta en diversos lugares, debido al azar natural.
Mutis viajaba con la intención de volver a descubrir América y en especial la quina, que tanto bien le podía hacer a la humanidad. Al estudiar el entorno ambiental dejó una maravillosa colección de dibujos de la naturaleza, repasó las lenguas indígenas y elaboró, por encargo del Rey Carlos III, 100 palabras, vocabularios elementales, de cada idioma indígena; investigó la explotación minera de la plata y la destilación del ron.
Entre sus obras se destacan “El Arcano de la Quina” y “Flora de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada: 1783-1816”, publicada bajo el auspicio del reino de España.
El Sabio Mutis, como es reconocido, no vivió en la época de la In de pendencia, pero forjó las bases para la libertad, pues sien do un ciudadano español enviado y patrocinado por la Corona, invirtió gran parte de su tiempo y esfuerzo en la fundación de espacios de conocimiento en torno a las ciencias con un naciente movimiento intelectual americano. Dio a conocer las teorías que revolucionaron las ideas sobre el Universo, el descubrimiento de Copérnico, y las teorías de Newton y Descartes: La Tierra gira al rededor del Sol y no al contrario como se creía. Resultó ser un gran maestro que enseñaba a sus alumnos a pensar, a manejar lupas y lentes, a conocer las rocas valiosas.
Les prestaba libros, los iniciaba en la física y ciencias naturales, además generó la transición hacia nuevas ideas de física experimental y matemáticas sin imaginar que el libre pensamiento de sus alumnos se enfocaría más en la política que en la ciencia. Hechos que se hacen evidentes en los escritos de Alexander von Humboldt, quien relaciona a Mutis con la Revolución Científica del viejo mundo. También se destacan sus aportes en medicina, con la incorporación del estudio de la anatomía a través de la disección, así como, sus aportes a la astronomía con la construcción de un observatorio.
A los diez años de permanencia en la Nueva Granada, se hizo sacerdote. “Mutis encontró en la ciencia el camino para acercarse a Dios; conocer sus obras era su forma de adorarlo. Su fervor científico unido a su fe religiosa, patriotismo y espíritu de maestro, conducen su participación en la transformación del hombre y el mundo”.1 Sin duda, su legado más importante fue la Real Expedición Botánica, resultado de sus estudios en tierras españolas y su curiosidad por el mundo que lo rodeaba, en especial por las plantas, que le permitieron documentar sus observaciones de forma minuciosa, caracterizándose por los detalles plasmados en sus dibujos. Esta actitud perfeccionista fue elogiada por naturalistas europeos de la época como Bomplant y Humboldt.
Durante ese tiempo se relacionó con importantes personalidades de la ciencia, la política y la cultura de la naciente república, Algunos de ellos se constituyeron en ejes de la independencia, y se destacan Fray Diego de García, Pedro Fermín de Vargas, Francisco Antonio Zea, Jorge Tadeo Lozano, Francisco José de Caldas, Sinforoso Mutis y Francisco Javier Matís, pintor botánico nacido en Guaduas en 1774, que desde pequeño mostró habilidad en el arte de la pintura, por eso Mutis lo vinculó a la Expedición en 1783.
La Real Expedición Botánica es un inventario de la naturaleza del Virreinato de la Nueva Granada, que dio como resultado la recolección y clasificación de 20 mil especies vegetales y 7 mil animales de la actual Colombia, entre ellas, la flor Barnadesia Spinosa Mutis, planta andina de la familia de las compuestas, descrita por Mutis en 1760. Con este primer des cubrimiento botánico, el joven naturista Mutis quiso honrar a su maestro en Botánica, don Miguel Barnadés, quien desde 1782 fue el primer profesor del Real Jardín Botánico de Madrid.
Descubren la facultad medicinal del bálsamo de Tolú para la bronquitis, la espuma de jabón de almendra para la artritis, la ipecacuana para la tos y cientos de plantas que unidas a los secretos de los indígenas resultaban muy beneficiosas. Con el fin de aplicar la flora a la industria demuestran que la brea sirve para arreglar caminos y embarcaciones, el petróleo se volvió el oro negro, algunas gomas de los árboles se usaron como pegante, y con el palo de la rosa elaboraron perfumes.
La exploración cubrió 8.000 kilómetros, utilizando como eje longitudinal el río Magdalena, que le permitió estudiar diversidad de climas y regiones a lo largo del país. Mutis entró a la Nueva Granada por Cartagena, desde allí se remontó al río Magdalena; estuvo en Mariquita y Honda y se estableció en Santa Fe de Bogotá. Posteriormente, residió en la provincia de Pamplona, donde adelantó actividades de minería, concretamente en la zona de Vetas en Santander; después en la real mina del Sapo en el Tolima y nuevamente en Mariquita.Mutis fue uno de los primeros exploradores del nuevo continente, sin embargo esto resultó ser más un dolor de cabeza que una ventaja. Su formación eurocentrista sesgaba su percepción de la desconocida diversidad que presenciaba, en ocasiones se estresaba haciendo encajar especies con las descripciones de plantas Europeas que se encontraban en los libros de Linneo, uno de sus mayores referentes, quien lo motivó en la tarea de “clasificar la obra de Dios”. Como retribución al trabajo de Mutis, Linneo le dedicó en 1781 las plantas del género Mutisia.
A través de Juan Jacobo Gahn, quien era el cónsul de España en Cádiz, el naturalista inició un intercambio epistolar con Linneo. Mutis realizó tres envíos de materiales de historia natural; la segunda remisión incluía una planta llamada Mutisia Clematis, un bejuco con caracteres muy raros. Al verla, Linneo exclamó: “¡Jamás he visto una planta tan particular! Su yerba es de clemátide3, su flor es de singenesia4. ¿Quién había oído hablar de una flor compuesta con tallo trepador zarcilloso5, pinnado6, en este orden natural?, la llamaré Mutisia y su nombre inmortal, el tiempo no lo podrá borrar”. Esta frase hizo célebre a Mutis y la planta se convirtió en el emblema de la Expedición Botánica.
Entre las expediciones reales, la de la Nueva Granada fue la que más duro, pues mantuvo una actividad permanente por 30 años; la que contó con más dinero para su desarrollo; y la única que tuvo una escala propia de dibujo, donde se formaban nuevos pintores. Dispuso de herbolarios, oficiales de pluma, y a su vez fue la que menos resultados dio a conocer.
La falta de publicaciones le restó valor científico. Sin embargo, conserva un gran valor histórico y cultural, pues constituye un punto de partida para el desarrollo científico y cultural del país.
Mutis se convirtió en el oráculo del reino. Implantó la vacuna contra la viruela, limpió el Chocó de dos epidemias que lo aquejaban, el paludismo y la malaria; fue el primer Presidente de la Sociedad de Amigos del País; preparó el plan de estudios de medicina; le consultaron las reformas educativas; dio instrucciones acerca del teatro y la necesidad de diversiones y espectáculos culturales, por nombrar algunos de los aspectos en que su mente prodigiosa se involucró y permitió la evolución del Nuevo Reino de Granada.
La muerte de Mutis debilitó a los expedicionarios. En su herencia Mutis dejó a su sobrino Sinforoso la dirección botánica, a Caldas la de astronomía y el observatorio, a Jorge Tadeo Lozano la de zoología, y a Salvador Rizó lo encargó de abrir el pliego y hacer la repartición. La inconformidad se notó con la acusación a Salvador de robarse unos manuscritos de Mutis, por lo cual desilusionado regreso a Venezuela y se unió a las tropas de Simón Bolívar; Caldas pidió que le devolvieran sus trabajos. Pero a la llegada de Morillo todo se complicó, el Colegio Mayor del Rosario fue convertido en calabozo, de donde salieron Lozano, Rizo y Caldas a ser fusilados. Los objetos personales de Mutis los remataron y la Expedición la empacaron en 114 baúles que permanecieron sellados en España mientras la situación política se tranquilizaba.
De los sucesores de Mutis se re cuerda a Francisco Javier Matís, luego Juan M. Céspedes, con el que descubrió algunos restos de una cultura indígena en San Agustín; el siguiente sería José Jerónimo Triana, a mediados del Siglo XIX, quien se encargó de la parte botánica de la comisión orográfica y con Agustín Codazzi, de líder, levantó el mapa de la República de Colombia. Ezequiel Uricohechea y Florentino Vesga, encontraron, los restos de la Expedición almacenados y se dedicaron a estudiarlos. Posteriormente, muchos se dedicaron al estudio de la naturaleza teniendo como maestro a Mutis, entre ellos Francisco Bayón, Monseñor Enrique Pérez Arbeláez y los integrantes del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, donde se forman los naturalistas con temporáneos. Actualmente en el Jardín Botánico de Bogotá, la Casa de los Pintores en Mariquita, la Casa Mu seo Alfonso López en Honda, Antigua Iglesia en Ambalema y el Convento de La Soledad en Guaduas, son algunos de los lugares donde se encuentra información de la Expedición Botánica.
La obra de Mutis debe ser reconocida como la concepción de un inmenso plan científico, bajo la visión del potencial natural de nuestro país. La Real Expedición Botánica ha motivado a los exploradores de la actualidad a seguir descubriendo la inmensa riqueza natural que aún permanece oculta en diversos lugares, debido al azar natural.

